Statue of Liberty, NY

@jesandervilla

Venezuela en la última década ha vivido una crisis, constante caos económico, social, y político. En virtud de estas circunstancias el venezolano promedio ha sobrevivido en un mar de agonía socialista,  inmerso en olas de escasez de alimentos y medicinas, así como largas tormentas de  una falta notable de servicios básicos.

Para algunos, las crisis está en el ADN del gobierno, este la crea, se alimenta y mantiene un orden social a través de ella. Otros, que están en una supuesta lucha contra esta crisis, hablan de esta como si la vivieran al igual que todos los venezolanos. Y en el medio de dicho mar estamos los que la padecemos en carne propia, la vivimos como si fuera habitual, común, la constante de nuestros días.

Fruto de ella muchos se  han visto la obligación de salir, otros ya partieron mucho antes de que esta se agravara. Y, como siempre, un último grupo que se queda lucha y  resiste a la crisis como si tuviera la más mínima esperanza de que termine tan pronto como empezó.

En  muchas ocasiones flaquean, se preguntan internamente ¿Por qué la crisis nunca acaba? O bien si deben irse como muchos.

Preguntándose si esto será como aquella isla caribeña, donde las esperanzas fueron perdidas, donde el futuro fue olvidado o, peor aún, el caso de Corea del Norte, donde las palabras futuro y esperanza quedan aferradas a la nada.

Es claro que, desde una perspectiva racional, toda crisis tiene un fin bien es de preguntarse ¿cómo ponerle fin? No en vano   Milton  Friedman, novel de economía, expreso sobre la libertad  que si  una sociedad  antepone  la igualdad sobre la libertad  esta no obtendrá ninguna, en cambio en aquellas sociedades donde   la libertad es una prioridad esta obtendrá un poco de ambas.

No está a mi juicio decir si el venezolano promedio busca la igualdad sobre  la libertad  o viceversa. Es claro que en estos últimos años esa frase ha sido tan repetida, tan usada que pareciera que estuviera dentro de nuestra esencia como venezolano, tan vital como  un bocado de pan o café.

Es muy evidente que en todas las sociedades las libertades no se negocian, no se ruegan, no se piden  estas deben ser luchadas ganadas y, como mencione, líneas atrás deben ser parte de nuestra naturaleza , entender que es  nuestro derecho principal más allá de otros  derechos.

Y bien lo mencionaron Locke y otros pensadores  liberales, como uno de los derechos elementales de los cuales derivan los demás, está de más decir que no podemos hablar de estrategias para sacar al régimen, si cada venezolano no tiene en claro que  la libertad debe prevaler a la igualdad, quizás sería una sociedad diferente.

Pues bien, en la lucha contra esta nefasta idea colectivista, es un aspecto que debe estar claro. No está de más indicar las penurias que afectan la  cotidianidad, el hambre, la pobreza  e incluso nuestra ruina es producto del colectivismo. Hablar de libertad no solo es mencionar la búsqueda de sueños y metas sin coacción alguna, es también hablar  de las responsabilidades que esta conlleva. Para los liberales este es un aspecto esencial entenderlo.  Viene siendo  hora  de pensar ¿cómo vamos a poner en práctica la búsqueda de nuestra libertad? ¡Y hacer entender a otros la importancia de esta!