Hegemonía y educación (Parte II)

por | 20 / Abr / 2019 | Política

Ya comenté, la semana pasada que cuando el estado logra meter su mano en la educación, la transforma en doctrina; la gratuidad no existe, siempre le cobran a alguien; y si el estado te enseña, sólo lo hará con lo que le conviene que aprendas.

También mencioné el caso de Suecia, y me gustaría ahondar un poco en este. Si bien se desmontó el Estado de Bienestar que la izquierda impuso, Suecia no abandonó las instituciones públicas. Es decir, siguen teniendo un altísimo gasto estatal sustentado en impuestos elevados; pero nadie puede negar que el sistema educativo, por ejemplo, es impecable.

Esto se debe, según explica Mauricio Rojas, a un sistema de vouchers que fomenta la competencia entre las empresas encargadas de prestar estos servicios, entre los cuales también se encuentra la salud. El sistema es simple, a traves de este se le entregan unos vouchers intransferibles a los padres de familia, que aportan con impuestos, para que los invierta en las empresas de servicios que mejor le parezcan.

Este sistema no solo evita que se destinen fondos para otras cosas, como pasa en nuestros países con las asignaciones, subsidios y bonos; sino que también se otorga la capacidad al ciudadano para que pondere el desempeño de las empresas, por lo cual se generará competitividad entre las mismas.

Resulta que en un principio, el Estado de Bienestar fue puesto en marcha para favorecer la igualdad y, entonces, generar un sistema del que todos los ciudadanos pudieran participar sin importar su clase social, ni su procedencia, ni su trabajo. Por consiguiente, un político y un empleado de mantenimiento podrían tener el chance de atenderse en la misma clínica, enviar a sus hijos al mismo colegio, etc.

Todo esto puede sonar increiblemente bien, pero sabemos qué se esconde detrás de esto. El estado tomando control en la vida de los ciudadanos, asignándoles a su voluntad en qué centros médicos tratarse, a qué colegio enviar a sus niños.

Volviendo al tema principal, podemos concluir que la mejor manera de evitar que el estado adoctrine al individuo pasa primero por la concientización de lo primordial que este resulta para la sociedad, en tanto que este es la minoría más pequeña, y sin individualidad, no existe diversidad de opiniones.

Luego de entendido esto, cada individuo podrá enfocarse defender sus derechos, sin temor a que el estado manipule la educación de sus hijos, controle a qué servicios accede su familia y se inmiscuya en cada aspecto de su vida privada.